ACUERDO ENTRE DISNEY Y OPENAI: ¿NUEVO MODELO PARA LOS DERECHOS DE AUTOR?

Esta columna fue escrita por el columnista invitado Andrés Izquierdo.
La IA generativa ha desencadenado una ola de incertidumbre jurídica en el derecho de autor, con más de 70 demandas en todo el mundo que cuestionan el uso no autorizado de obras creativas en el entrenamiento de modelos de IA. El reciente acuerdo entre Disney y OpenAI podría señalar un punto de inflexión. En lugar de enfrentarse en los tribunales, Disney concedió licencias de más de 200 de sus personajes más valiosos a la plataforma Sora de OpenAI a cambio de participación accionaria, transformando un litigio legal en una posible alianza estratégica.
Pero esto no es solo una operación de licenciamiento; también podría sugerir un nuevo modelo para resolver el enfrentamiento entre la IA y la propiedad intelectual: marcos colaborativos en los que los titulares de derechos y las empresas tecnológicas co-diseñan mecanismos de reparto de valor, estándares de gobernanza y arquitecturas de licencias para la era de la IA.
¿Qué incluye el acuerdo?
En su esencia, el acuerdo se basa en varios pilares:
Una licencia de tres años que permite a la app Sora de OpenAI incluir más de 200 personajes de Disney, Pixar, Marvel y Star Wars en videos e imágenes generados por los usuarios.
Integración de contenido generado por fans mediante IA en Disney+, marcando un cruce poco común entre obras generadas por IA y plataformas tradicionales de entretenimiento.
Una inversión de mil millones de dólares en acciones, más opciones para aumentar la participación de Disney si el valor de OpenAI crece, señalando una alineación financiera entre titulares de propiedad intelectual y plataformas de IA.
Implementación interna de herramientas de OpenAI en las operaciones de Disney, incluyendo flujos de trabajo, desarrollo de productos e iniciativas de interacción con el público.
En conjunto, estos pilares presentan una nueva propuesta sobre cómo puede operar la propiedad intelectual en la economía de la IA. De manera destacada, eluden las ambigüedades legales sobre el “uso justo” y los datos de entrenamiento al establecer nuevas reglas mediante contratos privados.
De la litigación a la licencia: una nueva arquitectura de mercado para la propiedad intelectual
La oportunidad del acuerdo no es casual. Tribunales en EE. UU., Europa y Asia están lidiando con demandas sobre si el entrenamiento de IA con obras protegidas constituye una infracción. Los resultados son inciertos, y los titulares de derechos están cada vez más preocupados por cómo los modelos de IA extraen y remezclan capital cultural sin consentimiento ni compensación.
En lugar de esperar reformas legislativas o claridad judicial, Disney y OpenAI están diseñando su propia infraestructura legal. Como se exploró en una entrada anterior del Kluwer Copyright Blog, la IA está poniendo a prueba los límites del derecho de autor, impulsando a las partes interesadas a negociar nuevos marcos donde la innovación y la protección de derechos puedan coexistir. Esto forma parte de un cambio más amplio en la economía digital: el “orden privado” mediante contratos y gobernanza de plataformas está ocupando el lugar donde la ley escrita se ha quedado atrás. El acuerdo entre Disney y OpenAI esquiva los tribunales al crear un sistema basado en el mercado donde el acceso a la PI es negociado, compensado y controlado.
Sin embargo, este modelo no está exento de críticas. Los contratos privados, aunque eficientes, suelen privilegiar a los grandes actores con poder de negociación, dejando a creadores independientes y titulares menores con poca influencia o visibilidad. Estos acuerdos no resuelven cuestiones estructurales sobre los datos de entrenamiento de IA, las obras derivadas o la remuneración justa en diferentes jurisdicciones. Además, los marcos de licencia privada pueden consolidar desigualdades de poder, replicando inequidades pasadas bajo el disfraz de la innovación.
También es importante reconocer que la licencia no es el único camino posible. Las reformas regulatorias, los regímenes de licenciamiento colectivo y soluciones técnicas como el etiquetado de metadatos o los registros de derechos podrían ofrecer alternativas más inclusivas y transparentes. A medida que el terreno legal sigue evolucionando, es probable que se necesite una combinación de modelos —públicos, privados e híbridos— para proteger los derechos mientras se fomenta la innovación.
El dilema de los creadores: valor, trabajo y vacíos legales
No todos lo celebran. El Sindicato de Guionistas de EE. UU. (WGAE) expresó su preocupación sobre cómo estos acuerdos podrían marginar a los creadores humanos y devaluar el trabajo creativo. Según el sindicato, empresas como OpenAI han “robado vastas bibliotecas de obras propiedad de los estudios y creadas por miembros del WGA y trabajadores de Hollywood para entrenar sus sistemas de inteligencia artificial”, planteando preguntas urgentes sobre compensación y control. Si bien el licenciamiento estructurado de Disney podría aportar claridad legal, el acuerdo no resuelve cuestiones más amplias sobre autoría, atribución o el desplazamiento económico provocado por la IA generativa.
Esto pone de relieve un desafío más profundo: si los acuerdos privados se convierten en la norma, los creadores que operan fuera de los grandes ecosistemas podrían quedar con escaso poder de negociación y sin protecciones reales. Sin marcos legales sistémicos, los beneficios de la monetización por IA podrían concentrarse entre gigantes tecnológicos y titulares de PI tradicionales.
El surgimiento de una nueva clase de creadores de medios sintéticos, entrenados con contenido generado por humanos durante décadas, también plantea preguntas fundamentales: ¿Quién podrá participar en esta nueva economía? ¿Quién define las reglas? ¿Y qué pasará con el valor económico y cultural de las obras originales en este proceso?
Por qué importa el capital accionario: de tarifas a valor futuro
Uno de los aspectos más llamativos del acuerdo, según Bloomberg, es su estructura financiera. Disney optó por no recibir pagos tradicionales por licencia al inicio. En su lugar, la mayor parte de la compensación se estructura como opciones sobre acciones y participación en el crecimiento del valor de OpenAI.
Esto refleja un cambio en cómo se concibe el valor de la propiedad intelectual en la era de la IA. En lugar de monetizar obras pasadas con tarifas únicas, los titulares de derechos como Disney apuestan por el valor futuro de las plataformas que utilizan su contenido. La compensación basada en acciones alinea los incentivos entre creadores y empresas tecnológicas, ofreciendo una participación compartida en el éxito de los ecosistemas de medios impulsados por IA.
Sin embargo, esto también plantea interrogantes. Las participaciones accionariales son, por lo general, inaccesibles para creadores o titulares pequeños, y conllevan riesgos especulativos. Como modelo, podría beneficiar a actores institucionales mientras excluye a quienes carecen de recursos, capacidades o infraestructura legal para participar en esos términos.
Qué significa esto para el futuro del derecho en medios
El acuerdo Disney–OpenAI podría reconfigurar la forma en que se regula la propiedad intelectual en la era de la IA:
Podría acelerar una transición desde la defensa judicial de derechos hacia modelos de licenciamiento con plataformas.
Establece estructuras financieras donde los titulares de derechos participan del crecimiento de las plataformas de IA.
Puede indicar que la innovación legal puede surgir desde estrategias privadas, no solo desde la regulación pública.
Pero también expone los límites de depender exclusivamente de arreglos privados para gestionar desafíos legales y culturales de interés público. Legisladores, tribunales y organismos multilaterales aún deben enfrentar las preguntas fundamentales que estos acuerdos eluden. Transparencia, equidad y acceso universal siguen sin resolverse.
Para los profesionales del derecho, el mensaje es claro: el futuro de la propiedad intelectual se negociará tanto en salas de juntas como en tribunales. A medida que la IA generativa transforma los medios, el entretenimiento y las industrias creativas, los despachos capaces de diseñar estos nuevos marcos legales y comerciales serán fundamentales para definir la próxima etapa del derecho de autor.
Información tomada de La Silla Vacía:
Imagen tomada de: https://openai.com/es-419/index/disney-sora-agreement/